La quinta etapa (fragmento)Sergiusz Piasecki

La quinta etapa (fragmento)

"Recientemente supe que una banda soviética, la de Awdziej, que operaba en las cercanías de Stolpce, había tratado de hacer saltar el puente del ferrocarril del Niemen. El propio Awdziej se había encargado de la hazaña: se proporcionó dinamita, y disfrazado de pastor, se ocultó en el hoyo que cavaron en un bosque cercano. Pero las cosas no pasaron de allí, pues el puente estaba vigilado por soldados armados^ y los bolcheviques tan sólo son valientes cuando se trata de atacar a gente desarmada. Más tarde, en Bobrujsk, medí un día con la vista el puente sobre el Berezyna. Me sentí capaz de hacerlo saltar en un instante. Lo tenía planeado todo en mi cabeza. Pero la mirada de dios oriental y las duras palabras de mi jefe me impidieron realizarlo. «¡No, no debemos trabajar así, no somos bolcheviques!»
Había ocurrido otro hecho molesto. El jefe de pelotón Gorski del 29 batallón de frontera había desertado y pasado la frontera. ¡Bueno, que pruebe su suerte! ¿Es que, acaso, se le había metido en la cabeza ser comisario? ¿Quizá soñaba con una estrella delante y otra detrás y una pistola a la derecha y otra a la izquierda, un gorro rojo, una cartilla de servicio y toda una caterva de «secretarias»?
He estado un par de veces en casa de una judía llamada Rosa, a la que conocía por mediación de Malka. Esa Rosa es guapa y tiene temperamento. Esta tarde me propuso que llevara a Minsk unas mercancías; me las pagarían bien, dijo ella. Accedí a hacerlo, más bien por curiosidad que por deseo de lucro. Deseaba conocer un poco la vida de los contrabandistas. Rosa me acompañó a la calle de Wilno, a casa de un judío que al acercarse a mí se restregaba las manos y me invitó a tomar «pejsackowska».
Pasó un rato antes de que pusiese en orden lo que yo debía llevar al otro lado de la frontera. Lo metió en una gran mochila que me sujeté a la espalda. Se parecía mucho a una mochila de soldado y pesaba 35 libras. Contenía cuero para calzado: cabritilla y boxcalf.
También me entregó una carta escrita en hebreo. A mi regreso cobraría 40 rublos oro por las molestias. No estaba mal pagado...
Ahora dejo de escribir. He de prepararme para el viaje. "



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